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El momento óptimo para la monta, que invariablemente debe producirse dentro del “territorio” del macho para evitar problemas de libido y/o dominio excesivo de la hembra, se sitúa entre el tercer y cuarto día del celo de la hembra, es decir, entre el primer y segundo día del estro.
En el caso de una monta programada, es recomendable tomar las siguientes precauciones:
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- Cortar las uñas tanto al macho como la hembra.
- Asegurarse que la pareja está perfectamente sana, desparasitada y con la cartilla de vacunaciones al día.
- Disponerlos en un lugar cerrado y tranquilo, provisto de los elementos indispensables para pasar unos días (cajón de arena, agua y pienso y cama), pero sin ningún otro elemento donde la hembra pudiera resguardarse.
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Durante la presentación de la pareja, es muy posible que la hembra muestre inicialmente una reacción hostil ante el macho, por otro lado normal dada la novedad del entorno y el compañero, mientras que éste intente rápidamente determinar cual es su grado de receptividad sexual mediante el olisqueo de su zona genital y/o orina. Este preludio puede alargarse durante unas horas hasta que paulatinamente la hembra se va familiarizando con la nueva situación y permite el acercamiento del macho.
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Resueltas las introducciones, el macho abordará lateralmente a la hembra, agarrándola con los dientes por el cuello y, en esta posición, efectuará una rápida cópula (dura unos segundos) ayudado por la postura de lordosis que adopta la hembra en esta circunstancia. En el momento de la monta, la hembra emite un intenso y característico chillido que anuncia la consecución del coito.
Una vez ha finalizado la cubrición, el macho se retira rápidamente y se mantiene a una distancia prudencial de la hembra para esquivar su reacción posterior, que suele ser de carácter bastante agresivo. En este momento, también es frecuente que la hembra se revolque sobre el suelo y se lama obsesivamente la zona genital.
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| Durante todo este tiempo, el macho permanecerá pacientemente a la expectativa de la hembra, pero lejos de su alcance, hasta que ésta no muestre una actitud más receptiva a una nueva monta. Las cópulas se repiten cíclicamente con una frecuencia aproximada de una o dos veces por hora u hora y media. Es recomendable prolongar esta situación durante 2 o tres días para asegurar la ovulación y fecundación de la hembra.
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Después del apareamiento, la hembra no pierde inmediatamente los síntomas del celo, sino que mantiene unos días más tanto el comportamiento como la receptividad sexual, de modo que podría llegar a copular con otros machos disponibles.
Tenga en cuenta que las gatas inexpertas pueden rechazar los primeros intentos de apareamiento, muy especialmente si el macho también es novel. Por otro lado, tanto los gatos como las gatas, suelen mostrar marcadas preferencias personales por su pareja, cosa que también puede suponer un motivo de fracaso de un apareamiento programado por sus dueños.
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